ENSAYO: “EL SURGIMIENTO DE LA NUEVA APARIENCIA EN EL ARTE DE AHORA. CONVERSACIÓN CON ADORNO”
INTRODUCCIÓN
El arte oscila entre la ideología al reino del espíritu, aunque el espíritu domine al arte al ser objetivizado, se libera del domino del espíritu.
Theodor W. Adorno
Tres cuestiones me permiten analizar el arte en la esfera del hoy, del ahora, tres temas que seleccionados desde Adorno; contextualizan realidades del mundo que nos sobrecoge en este interminable universo de preguntas sin una sola respuesta, que es lo que muchos, otros, y nosotros, llamamos Posmodernidad.
Estos tres temas son: La crisis de la apariencia, la relación del arte con las nuevas tecnologías y la crítica de la cultura universal cuando esta se conecta con la posibilidad de hablar de un arte de hoy. Hoy como un aparente arrastre del tiempo, que precisamente, ahora mismo, nos cuesta medir y angustiosamente atrapar.
Creo que el uso interminable de las ideas filosóficas es el camino para siempre, que nos permite conectarnos con el estado de conciencia que al hombre lo define como raza, y una de las ideas que no solo a Adorno lo estructuran para su discurso, sino a su vez con el mío, es el hablar de eso que parece dejado de la mano de “Dios” y que es la teoría marxista, la que sin proponérselo dentro de este mundo actual, pudiera ser el medio de explicación de este acontecer artístico que se nos asoma como categoría de “Lo Extraño”.
Occidente ha dictado el camino, lo sigue dictando, Adorno es el alemán convencido de ello, no es su culpa, es el contexto en el que se desarrolló, y a los individuos se les comprende más allá de nuestra identidad y se les da de igual forma el beneficio de la duda. Este trabajo que asume dignamente la simpleza de mi discurso, pretende conversar con las palabras de Adorno, que más que palabras escritas o dichas al abandono de libros, es la sustancia de un razonamiento contundente de la apariencia de su tiempo y de la apariencia de tiempos precedentes y horizonticos.
DESARROLLO
Adorno (1970) nos plantea con fuerza que:” el estremecimiento en que la subjetividad se agita sin ser todavía es el hecho de estar impresionado por lo otro” (P. 506). Aunque se refiera al comportamiento estético específicamente, este es el punto que nos permite adentrarnos en la discusión constante en nuestra actualidad y es el comportamiento del espectador ante el arte, cuesta establecer los mecanismos de sobrevivencia al discutir del tema, pero lo que si nos permite Lo Otro es comunicarnos con nuestra esencialidad de humanos, la impresión, un asunto emocional perceptivo, aunque este tenga un comportamiento efímero, es en sí mismo, una reacción salvable para este mundo que se pinta desamparado.
El desamparo, algo que se percibe en el ambiente como aroma de flores se conecta con la idea de crisis de la apariencia que Adorno (1970) reclama en su decir como rebelión a los cánones armónicos de occidente, dice bien cuando plantea que:” A quien mira la obra de arte muy de cerca, convierte a las obras de arte en un hormiguero” (P.181), para Adorno esta es la manifestación de la apariencia estética.
El arte es lo aparente de la realidad percibida como verosímil, el ser humano busca la verdad como sinónimo de acogimiento, de seguridad. La presencia de una silla frente a nosotros no solo connota descanso sino el ideal trasfigurado materia, algo que Platón llamo Eidos y que es una verdad etérea y voluble. El arte consigue mezclar ideal más ideal, el objeto fabricado responde al ideal humano de praxis para la praxis y el arte que refleja este ideal se convierte en sí mismo en el ideal de lo observado, el arte interpreta la realidad desde las pautas clásicas, la silla será silla mientras pueda ser reconocible entre ideal más ideal, dos ideas conectadas buscando lo verosímil eso es lo que El Renacimiento dictó, y eso es apariencia por sí sola, y esa, justamente esa, es la que Adorno postula en crisis. Aunque está claro que no se puede liberar el carácter de apariencia de las obras de una porción de imitación de lo real más o menos latente, y por tanto, de la ilusión, porque el sentimiento, o el estado de ánimo emocional reflejado en una pintura o en cualquier manifestación artística se convierte en la ilusión de aquello sentido.
Tiene razón el crítico social que fue Adorno cuando habla de crisis de apariencia frente a lo que el arte conceptual evoca, e incluso, frente a lo que el posmodernismo define o indefine ante nuestros ojos, tanta razón como el no reconocer desde lo formal ningún rasgo de similitud con lo que hemos llamado realidad reconocible por todos, ese arte anterior, o ese arte del que hablamos Adorno y Yo es un arte que dialoga con el colectivo, sencillamente porque evoca un dejo de reconocimiento universal. Como un ejemplo consistente de lo que Adorno define como crisis de la apariencia es la famosa imagen que a continuación Magritte nos brinda y donde cuestiona la relación entre las imágenes y las cosas basada en la semejanza representativa.
El reconocimiento universal en este caso se refiere a lo que los seres humanos comprendemos en general, porque la raza nos permite definirnos en particularidad y en universalidades, pero la idea de lo universal parece ser algo que ya no busca la posmodernidad, sin embargo, lo particular, ese asunto de lo individualizado ante este contenido tecnológico potencia o se dirige hacia universales contundentes, aunque parezcan de cierta forma actitudes forzadas, lo son y no, lo son en cuanto a imposiciones que Adorno define comerciales, vendibles o simplemente capitalistas, pero no lo son porque parece haber un dejo de conciencia en nuestra conexión con lo superfluo.
Parece que la belleza se ha trasformado en la nostalgia y lo útil en lo inmediato, resolver asunto de índole individual conlleva en la actualidad resolver asuntos de índole colectivo, la felicidad de uno solo es equivalente a la misma felicidad del otro, somos como una gran masa compacta sin definiciones propias, sin pretensiones de juego, sin que nos importe nada más que el instante de la recreación de un pedazo de voluntad que algún día le llamamos espíritu.
El arte para Adorno debe tener un carácter de denuncia, comprendamos su postura marxista que asegura que el arte debe servir, debe germinar en las masas con un carácter de utilidad, con una finalidad didáctica, educativa, que aporte en términos de volumen de conocimientos para el otro desde el otro, el arte debe sugerirse comunicación clara y veras de la realidad cotidiana, tan claro como lo que dice Adorno, algo así como un pensar que implica hacer.
Pero para el crítico esto ya no sucede, el arte y su relación con las masas fallecieron de muerte accidental, digamos que de sorpresa, sin que haya habido previo aviso, ha sido un proceso que nos ha tomado por la retaguardia y que ahora nos obliga a reflexionar. Sin embargo el hecho de que el arte aparezca ante nosotros, que los artistas se reafirmen como tales, deja un respiro esperanzador que Adorno (1970) llama: “El arte como acto equilibrista o tour de forcé” (P. 184) algo así como la necesidad humana de la creación, pero también la fabulosa unidad que busca sin cesar la humanidad, para percibirse en el universo creativo como seres extraordinarios, la interpretación que hago del arte como acto equilibrista y que necesariamente se vincula a una necesidad humana, responde a lo que acontece con el arte posmoderno y creo que Adorno no compartiría mi opinión de que el fenómeno de la posmodernidad es en sí mismo un Tour de Forcé (Expresión francesa que significa “acción difícil cuya realización exige gran esfuerzo y habilidad” y “demostración de fuerza, poder o destreza”) .
CONCLUSIONES
¿Por qué digo lo que digo?
Porque si Adorno (1970) refiriéndose al arte o a la obra de arte como:” Equilibro entre fuerzas contradictorias” (P.193) redunda en lo ambiguo que profesa la obra en sí y la negatividad que refleja de lo moderno, responde a lo que lo posmoderno pretende por sí solo, aunque aclaro, dicen los posmodernos que ellos no pretenden nada, me parece que tales afirmaciones se desmienten al contemplarse las obras producidas y resueltas como vinculo perfecto entre la realidad (alias sociedad ahora) y la apariencia de ella en las obras, lo que sucede es que la apariencia ya no es el uso sistematizado de los elementos formales que me permiten el reconocimiento de lo que veo, como comentaba en párrafos anteriores, y que es lo que Adorno acertadamente dice, ahora lo aparente es el concepto, la trasformación de la idea en una idea de interpretación múltiple, y al final de cuentas reflejo de su tiempo.
Ahora es cuando el materialismo dialéctico realmente nos ayudará con su ley de la negación de la negación cuando explica que el desarrollo se produce negando lo viejo por lo nuevo, la inferior por lo superior. Por cuanto lo nuevo, al negar lo viejo, conserva y desarrolla sus rasgos positivos, el desarrollo adquiere un carácter progresivo. Al mismo tiempo discurre en espiral, repitiendo en las fases superiores algunos aspectos y rasgos de las inferiores. Y lo anterior se aplica al arte y lo explicaré muy sencillamente, si en su tiempo, el arte del Realismo Socialista fue reflejo discursivo de un sistema que se manifiesta como ideal, como un arte que respondía a los intereses marxistas, con los que Adorno converge, y que son los del arte de las masas, que no solo las reflejaba sino que además era dirigido a ellas, porque negar lo que el arte posmoderno hace y que además, a mi parecer consigue caminar o transitar la teoría hacia la praxis de una forma más concreta, logra a través de la yuxtaposición, particularidad o categoría que es reflejo absoluto de lo que la sociedad capitalista impulsada por Los Estados Unidos es, digamos que una mezcla anárquica de culturas con apariencia de orden, posee, creo, el carácter de las contradicciones del capitalismo de las que Marx sustenta en El Capital.
El arte de Basquiat, tomándolo como ejemplo contundente de esto, es un arte de denuncia, es el reflejo de lo que su tiempo es, digamos que la conversión práctica de la negación de la negación, con el arte posmoderno se niega lo negado, se reclama un lugar en el mundo como individuo y parece reclamar lo que quizás obvió lo moderno y que son las minorías, la voz de las minorías es la voz lírica del posmodernismo, es quizás la mejor respuesta a la interpretación de la dialéctica donde la teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos detecta y supera los contrapuestos, algo así como la lógica de una existencia monitoreada por los Mass Media y que el artista nuevamente resuelve convertir en estética.
Y le diría a Adorno que el arte sigue hablando desde las masas, reflexiona sobre el individuo y responde las preguntas de su tiempo, el arte sigue denunciando, solo esperemos que consiga ubicarnos espiritualmente como parte de una disyuntiva de progreso definido por la inmediatez.
BIBLIOGRAFÍA
• Theodor W. ADORNO: Teoría estética (1970) - Edición de trabajo (http://mateucabot.net) Versión 0.4 15/12/09 - 07:45:40
• http://es.thefreedictionary.com/dial%C3%A9ctica
• http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/
INTRODUCCIÓN
El arte oscila entre la ideología al reino del espíritu, aunque el espíritu domine al arte al ser objetivizado, se libera del domino del espíritu.
Theodor W. Adorno
Tres cuestiones me permiten analizar el arte en la esfera del hoy, del ahora, tres temas que seleccionados desde Adorno; contextualizan realidades del mundo que nos sobrecoge en este interminable universo de preguntas sin una sola respuesta, que es lo que muchos, otros, y nosotros, llamamos Posmodernidad.
Estos tres temas son: La crisis de la apariencia, la relación del arte con las nuevas tecnologías y la crítica de la cultura universal cuando esta se conecta con la posibilidad de hablar de un arte de hoy. Hoy como un aparente arrastre del tiempo, que precisamente, ahora mismo, nos cuesta medir y angustiosamente atrapar.
Creo que el uso interminable de las ideas filosóficas es el camino para siempre, que nos permite conectarnos con el estado de conciencia que al hombre lo define como raza, y una de las ideas que no solo a Adorno lo estructuran para su discurso, sino a su vez con el mío, es el hablar de eso que parece dejado de la mano de “Dios” y que es la teoría marxista, la que sin proponérselo dentro de este mundo actual, pudiera ser el medio de explicación de este acontecer artístico que se nos asoma como categoría de “Lo Extraño”.
Occidente ha dictado el camino, lo sigue dictando, Adorno es el alemán convencido de ello, no es su culpa, es el contexto en el que se desarrolló, y a los individuos se les comprende más allá de nuestra identidad y se les da de igual forma el beneficio de la duda. Este trabajo que asume dignamente la simpleza de mi discurso, pretende conversar con las palabras de Adorno, que más que palabras escritas o dichas al abandono de libros, es la sustancia de un razonamiento contundente de la apariencia de su tiempo y de la apariencia de tiempos precedentes y horizonticos.
DESARROLLO
Adorno (1970) nos plantea con fuerza que:” el estremecimiento en que la subjetividad se agita sin ser todavía es el hecho de estar impresionado por lo otro” (P. 506). Aunque se refiera al comportamiento estético específicamente, este es el punto que nos permite adentrarnos en la discusión constante en nuestra actualidad y es el comportamiento del espectador ante el arte, cuesta establecer los mecanismos de sobrevivencia al discutir del tema, pero lo que si nos permite Lo Otro es comunicarnos con nuestra esencialidad de humanos, la impresión, un asunto emocional perceptivo, aunque este tenga un comportamiento efímero, es en sí mismo, una reacción salvable para este mundo que se pinta desamparado.
El desamparo, algo que se percibe en el ambiente como aroma de flores se conecta con la idea de crisis de la apariencia que Adorno (1970) reclama en su decir como rebelión a los cánones armónicos de occidente, dice bien cuando plantea que:” A quien mira la obra de arte muy de cerca, convierte a las obras de arte en un hormiguero” (P.181), para Adorno esta es la manifestación de la apariencia estética.
El arte es lo aparente de la realidad percibida como verosímil, el ser humano busca la verdad como sinónimo de acogimiento, de seguridad. La presencia de una silla frente a nosotros no solo connota descanso sino el ideal trasfigurado materia, algo que Platón llamo Eidos y que es una verdad etérea y voluble. El arte consigue mezclar ideal más ideal, el objeto fabricado responde al ideal humano de praxis para la praxis y el arte que refleja este ideal se convierte en sí mismo en el ideal de lo observado, el arte interpreta la realidad desde las pautas clásicas, la silla será silla mientras pueda ser reconocible entre ideal más ideal, dos ideas conectadas buscando lo verosímil eso es lo que El Renacimiento dictó, y eso es apariencia por sí sola, y esa, justamente esa, es la que Adorno postula en crisis. Aunque está claro que no se puede liberar el carácter de apariencia de las obras de una porción de imitación de lo real más o menos latente, y por tanto, de la ilusión, porque el sentimiento, o el estado de ánimo emocional reflejado en una pintura o en cualquier manifestación artística se convierte en la ilusión de aquello sentido.
Tiene razón el crítico social que fue Adorno cuando habla de crisis de apariencia frente a lo que el arte conceptual evoca, e incluso, frente a lo que el posmodernismo define o indefine ante nuestros ojos, tanta razón como el no reconocer desde lo formal ningún rasgo de similitud con lo que hemos llamado realidad reconocible por todos, ese arte anterior, o ese arte del que hablamos Adorno y Yo es un arte que dialoga con el colectivo, sencillamente porque evoca un dejo de reconocimiento universal. Como un ejemplo consistente de lo que Adorno define como crisis de la apariencia es la famosa imagen que a continuación Magritte nos brinda y donde cuestiona la relación entre las imágenes y las cosas basada en la semejanza representativa.
El reconocimiento universal en este caso se refiere a lo que los seres humanos comprendemos en general, porque la raza nos permite definirnos en particularidad y en universalidades, pero la idea de lo universal parece ser algo que ya no busca la posmodernidad, sin embargo, lo particular, ese asunto de lo individualizado ante este contenido tecnológico potencia o se dirige hacia universales contundentes, aunque parezcan de cierta forma actitudes forzadas, lo son y no, lo son en cuanto a imposiciones que Adorno define comerciales, vendibles o simplemente capitalistas, pero no lo son porque parece haber un dejo de conciencia en nuestra conexión con lo superfluo.
Parece que la belleza se ha trasformado en la nostalgia y lo útil en lo inmediato, resolver asunto de índole individual conlleva en la actualidad resolver asuntos de índole colectivo, la felicidad de uno solo es equivalente a la misma felicidad del otro, somos como una gran masa compacta sin definiciones propias, sin pretensiones de juego, sin que nos importe nada más que el instante de la recreación de un pedazo de voluntad que algún día le llamamos espíritu.
El arte para Adorno debe tener un carácter de denuncia, comprendamos su postura marxista que asegura que el arte debe servir, debe germinar en las masas con un carácter de utilidad, con una finalidad didáctica, educativa, que aporte en términos de volumen de conocimientos para el otro desde el otro, el arte debe sugerirse comunicación clara y veras de la realidad cotidiana, tan claro como lo que dice Adorno, algo así como un pensar que implica hacer.
Pero para el crítico esto ya no sucede, el arte y su relación con las masas fallecieron de muerte accidental, digamos que de sorpresa, sin que haya habido previo aviso, ha sido un proceso que nos ha tomado por la retaguardia y que ahora nos obliga a reflexionar. Sin embargo el hecho de que el arte aparezca ante nosotros, que los artistas se reafirmen como tales, deja un respiro esperanzador que Adorno (1970) llama: “El arte como acto equilibrista o tour de forcé” (P. 184) algo así como la necesidad humana de la creación, pero también la fabulosa unidad que busca sin cesar la humanidad, para percibirse en el universo creativo como seres extraordinarios, la interpretación que hago del arte como acto equilibrista y que necesariamente se vincula a una necesidad humana, responde a lo que acontece con el arte posmoderno y creo que Adorno no compartiría mi opinión de que el fenómeno de la posmodernidad es en sí mismo un Tour de Forcé (Expresión francesa que significa “acción difícil cuya realización exige gran esfuerzo y habilidad” y “demostración de fuerza, poder o destreza”) .
CONCLUSIONES
¿Por qué digo lo que digo?
Porque si Adorno (1970) refiriéndose al arte o a la obra de arte como:” Equilibro entre fuerzas contradictorias” (P.193) redunda en lo ambiguo que profesa la obra en sí y la negatividad que refleja de lo moderno, responde a lo que lo posmoderno pretende por sí solo, aunque aclaro, dicen los posmodernos que ellos no pretenden nada, me parece que tales afirmaciones se desmienten al contemplarse las obras producidas y resueltas como vinculo perfecto entre la realidad (alias sociedad ahora) y la apariencia de ella en las obras, lo que sucede es que la apariencia ya no es el uso sistematizado de los elementos formales que me permiten el reconocimiento de lo que veo, como comentaba en párrafos anteriores, y que es lo que Adorno acertadamente dice, ahora lo aparente es el concepto, la trasformación de la idea en una idea de interpretación múltiple, y al final de cuentas reflejo de su tiempo.
Ahora es cuando el materialismo dialéctico realmente nos ayudará con su ley de la negación de la negación cuando explica que el desarrollo se produce negando lo viejo por lo nuevo, la inferior por lo superior. Por cuanto lo nuevo, al negar lo viejo, conserva y desarrolla sus rasgos positivos, el desarrollo adquiere un carácter progresivo. Al mismo tiempo discurre en espiral, repitiendo en las fases superiores algunos aspectos y rasgos de las inferiores. Y lo anterior se aplica al arte y lo explicaré muy sencillamente, si en su tiempo, el arte del Realismo Socialista fue reflejo discursivo de un sistema que se manifiesta como ideal, como un arte que respondía a los intereses marxistas, con los que Adorno converge, y que son los del arte de las masas, que no solo las reflejaba sino que además era dirigido a ellas, porque negar lo que el arte posmoderno hace y que además, a mi parecer consigue caminar o transitar la teoría hacia la praxis de una forma más concreta, logra a través de la yuxtaposición, particularidad o categoría que es reflejo absoluto de lo que la sociedad capitalista impulsada por Los Estados Unidos es, digamos que una mezcla anárquica de culturas con apariencia de orden, posee, creo, el carácter de las contradicciones del capitalismo de las que Marx sustenta en El Capital.
El arte de Basquiat, tomándolo como ejemplo contundente de esto, es un arte de denuncia, es el reflejo de lo que su tiempo es, digamos que la conversión práctica de la negación de la negación, con el arte posmoderno se niega lo negado, se reclama un lugar en el mundo como individuo y parece reclamar lo que quizás obvió lo moderno y que son las minorías, la voz de las minorías es la voz lírica del posmodernismo, es quizás la mejor respuesta a la interpretación de la dialéctica donde la teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos detecta y supera los contrapuestos, algo así como la lógica de una existencia monitoreada por los Mass Media y que el artista nuevamente resuelve convertir en estética.
Y le diría a Adorno que el arte sigue hablando desde las masas, reflexiona sobre el individuo y responde las preguntas de su tiempo, el arte sigue denunciando, solo esperemos que consiga ubicarnos espiritualmente como parte de una disyuntiva de progreso definido por la inmediatez.
BIBLIOGRAFÍA
• Theodor W. ADORNO: Teoría estética (1970) - Edición de trabajo (http://mateucabot.net) Versión 0.4 15/12/09 - 07:45:40
• http://es.thefreedictionary.com/dial%C3%A9ctica
• http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/
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